La comunidad mexicana LGBT+ en la década de los 20’s

La comunidad mexicana LGBT+ en la década de los 20’s

Por Horacio Franco

La comunidad de la diversidad en México no es más que un reflejo de la sociedad actual mexicana: una sociedad dividida, polarizada, clasista, racista, machista  y fragmentada en numerosos intereses, clases sociales, corrientes de pensamiento, ideologías políticas y hasta religiones, razón por la que siempre me ha costado trabajo  llamarla “comunidad”.

Sin embargo, comunidad o no, lo que hoy nos une a todos los integrantes de la diversidad sexual para conmemorar nuestro orgullo por pertenecer a este importante e innegable sector de la población, es precisamente esa conciencia colectiva que detona la necesidad de pertenecer a la sociedad tal como somos, y no ser por ello excluidos solo  por nuestra preferencia sexual.

Nuestro movimiento de orgullo siempre ha querido pertenecer a un movimiento social defendiendo nuestra otrora vilipendiada identidad de quienes nunca nos aceptaron, de quienes nos maltrataron, nos discriminaron, nos confinaron, nos asesinaron o nos quisieron imponer conversiones religiosas,  muchos de los cuales siguen aún sin reconocer que somos una realidad distinta y muy diversa a la que ellos tienen preestablecido en su mundo.

De lo que no se dan cuenta es que nuestra realidad podría y debería  ser perfectamente compatible con la suya al vivir en el mismo espacio vital y al intentar tener una sana diaria convivencia con ellos, tanto  en las grandes urbes o en las poblaciones pequeñas o rurales.

Hoy por hoy, nuestra calidad de vida  como miembros de la diversidad sexual en las grandes metrópolis como la CDMX está prácticamente incólume, y al haber sido esta capital el primer bastión de izquierda de nuestro país -y por ende el de mayor otorgamiento de libertades y prebendas sociales para las minorías- nos ha garantizado por años la preservación de nuestra integridad, aunque no en todos los sectores. Quienes más platos rotos han pagado han sido los miembros de la comunidad transgénero quienes aún siguen siendo enormemente maltratadas en los diversos entornos.

El problema de la discriminación a la comunidad trans no es exclusivo de la CDMX y se replica con mucha violencia y crímenes de odio en gran parte del territorio nacional y en muchos países.

 El resto del sector  LGBTI+  también sufre  discriminación , odio e incomprensión en muchos otros lados del país, cuenten o no con leyes que nos amparen como el matrimonio igualitario, el derecho a adoptar por parejas del mismo sexo y el reconocimiento de identidad a un transgénero:  mientras más conservadores  e ignorantes sean los gobernantes, presidentes municipales o representantes de comunidades en lugares con menos apertura a estos temas,  y manipulados por intereses religiosos o de doble moral (de quienes niegan su preferencia sexual viviendo una doble vida), más vulnerados son nuestros derechos.

Lo que necesitamos como comunidad de la diversidad  -si es que estamos en verdad orgullosos de ser una verdadera comunidad- no es solo en el mes del orgullo,  sacar la casta por nuestros derechos o nuestras conquistas sociales alcanzadas, es alzar la voz  diario y continuar trabajando en acciones que beneficien a tod@s.

Educarnos a nosotros y educar a la sociedad para tener una mejor convivencia, más información certera y más sensibilización, con el fin de crear a mediano y largo plazo generaciones mejor informadas, mejor educadas, más sensibilizadas  y con una mentalidad más crítica, pero también más abierta.

Solo así podremos aspirar no solo a unas cuantas urbes donde gocemos de una aparente libertad y podamos  ejercer plenamente  nuestros derechos. Debemos aspirar a un México y un mundo socialmente desarrollado y libre.

Las leyes están ya promulgadas y funcionando  y deben ser promovidas a nivel nacional por un Poder Legislativo que gobierne para todos, sea cual sea su ideología o preferencia. Es una obligación,  y ninguna ley que otorgue derechos a cualquier sector de la población debe ser descartada.

Se debe reconocer que estamos en todos los sectores de la población: el estado, el ejército, las iglesias, la política, las empresas privadas, la intelectualidad, la cultura y las artes, el comercio, la banca, etc., y que contribuimos enormemente a la funcionalidad  de estas áreas. Que no lo ignoren, que no lo olviden.

HORACIO FRANCO

Red social

@HoracioFranco