La Celebración del Día de Muertos, una tradición viva

La Celebración del Día de Muertos, una tradición viva

@luisgure

Cada año desde el IME convocamos a las representaciones de México, organizaciones y familias mexicanas en todo el mundo al “Reto de Altares”, una iniciativa que busca mantener vivas las tradiciones y la cultura mexicana más allá de cualquier frontera.…

En 2008 la UNESCO reconoció como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad la celebración del Día de muertos. Y es que para los mexicanos, la muerte es un símbolo de la vida que se materializa en el altar ofrecido, ya que no es vista como una ausencia sino como una presencia viva.

Con el decursar de los años, esta tradición que data de la época prehispánica, fue cobrando más y más relevancia a nivel mundial. Se lleva a cabo en México y en cada rincón del mundo donde haya mexicanos, y en cada lugar, quince días después de celebrar la Independencia, empiezan los preparativos para la celebración de los días 1 y 2 de noviembre del Día de Muertos.

Poco a poco se empiezan a adornar casas, escuelas, centros de trabajo, espacios públicos y cementerios. El peculiar colorido de la ciudad va anunciando lo que está por llegar. En la segunda mitad de octubre ya están dispuestas catrinas, alebrijes y todo tipo de altares, que alcanzan su esplendor el 31 de octubre.

Al estar decorados con calaveritas de azúcar, velas, chocolate, amaranto, flores de cempasúchil, pan de muerto, papel picado, y claro, la foto y aquellas cosas o platillos que más gustaban a quienes se nos adelantaron, los altares suelen dividirse por escalones que representan las generaciones en cada familia, los abuelos por ejemplo ocupan el primer escalón pues se les otorga un lugar especial, convirtiendo el recuerdo de nuestros seres queridos en una fiesta popular muy colorida que privilegia la memoria y nos remonta al origen de los primeros habitantes de esta gran nación

Desde antes de la llegada de los españoles, el culto a la muerte era uno de los elementos básicos de nuestra cultura y permanece así hasta nuestros días. El ritual consistía en enterrar en un petate a quien moría mientras los familiares lo festejaban con la idea de guiarlo hasta su destino. La comida que le gustaba en vida siempre estaba en la celebración porque existía la creencia de que podría llegar a sentir hambre durante ese recorrido. Es la visión indígena la que prevalece e implica el retorno transitorio de las ánimas de los difuntos, porque existe la creencia de que regresan a casa para convivir con sus familiares a través de los altares colocados en su honor.

Los antiguos mexicas, mixtecas, texcocanos, zapotecas, tlaxcaltecas, totonacas y demás pueblos originarios, trasladaron la veneración de sus muertos al calendario cristiano, haciendo coincidir con el colofón del ciclo agrícola del maíz, principal alimento de los mexicanos. Con la llegada de los europeos el ritual pasó por un proceso de aculturación. La fiesta del dios del inframundo se unió con la celebración de los difuntos hasta llegar a la festividad que conocemos hoy: El 1 de noviembre se rinde  tributo a los muertos chiquitos o niños y el día siguiente, a los adultos.

Es tradición también visitar las tumbas de los difuntos y adornarlas con flores. La ocasión es propicia para levantar coloridos altares sobe las lápidas con aquellos objetos o alimentos que le agradaba al que partió. En los cementerios se suele esparcir sobre el piso pétalos de flores de cempasúchil y colocar velas para facilitar el retorno de las almas a la tierra “para que no se pierdan” y lleguen a su destino.

Las celebraciones adquieren matices distintos dependiendo el estado, la comunidad o la región donde tengan lugar, pero todas son integradoras, representativas y comunitarias sin importar si es en Oaxaca, Mixquic, Janitzio, Patzcuaro, Xochimilco o Cuetzalan, por citar algunos ejemplos de sitios donde la festividad alcanza gran esplendor.

De cualquier manera, donde quiera que haya un mexicano o mexicana, hay una genuina celebración de Día de Muertos que pretende dar la bienvenida a los seres queridos que partieron antes y mostrarles que su recuerdo sigue vivo.