UN SUEÑO ALCANZADO

UN SUEÑO ALCANZADO

Entrevista Cindy Nava

Cindy Nava, es una joven mexicana nacida en Chihuahua que con apenas seis años cruzó la frontera con sus padres buscando mejores oportunidades “del otro lado”, específicamente en Nuevo México.

Cindy como muchas niñas y niños migrantes enfrentó muchísimos retos, desde sufrir discriminación, inseguridad al hablar en otro idioma, extrañar a su abuela, dificultades para estudiar, hasta el miedo de saber que “la migra” podía detenerla a ella y a su familia.

Participó en los Encuentros Dreamer organizados por el IME, en donde encontró a más jóvenes como ella que estaban interesados en ayudar a su comunidad, en hablar de sus necesidades, de cómo el gobierno de México y de Estados Unidos tenía que abrir más posibilidades para garantizar salud, educación, desarrollo económico, seguridad y pertenencia.

Por eso, es tan emblemático que a 10 años de que iniciara el programa de Acción Diferida para los Llegados en la Infancia, mejor conocido como DACA, hoy Cindy Nava Miramontes sea la primera “Dreamer” en ocupar un puesto de asesora en el Departamento de Vivienda y Desarrollo Urbano en Estados Unidos.

Querida Cindy muchas gracias por esta oportunidad. Estamos muy contentos con tu nombramiento por todo lo que has luchado y superado, pero también porque desde hace años has formas parte de los Encuentros Dreamers que ha organizado el Instituto de los Mexicanos en el Exterior,

Platícanos un poco de tu familia y las dificultades que tuvieron que atravesar al trasladarse de Chihuahua a Nuevo México ¿Cuál fue tu experiencia? ¿A los cuántos años llegaste a Estados Unidos?

Tenía casi siete años cuando me trasladé con mi familia. Mi papá llegó primero y a los seis meses nosotros fuimos con él; desde muy chica crecí en Albuquerque y mis papás siempre estaban en la búsqueda de trabajo. Había ocasiones donde desafortunadamente lo perdían, por ello, nos mudábamos continuamente de apartamento para encontrar nuevas oportunidades y siempre hallar el modo de poder sobrevivir.

Ingresé a la escuela sin saber inglés, lo recuerdo muy claro debido al bullying, los niños no decían cosas muy agradables sobre mis características físicas y lingüísticas. A raíz de ese complejo, me obsesioné con aprender el idioma porque a pesar de mis intentos de hablarlo, había ocasiones donde pronunciaba mal las palabras y ello generaba burlas.

Al perfeccionar mi inglés, las personas creían que yo no hablaba español y yo no decía nada al respecto. Posteriormente me percaté de un gran error mío: estaba negando mis raíces al no utilizar mi lengua materna públicamente e ignoraba el gran sacrificio que mis padres dieron para otorgarnos una vida mejor al venirse desde México.

Vivía pretendiendo ser quien no era, parecía que yo vivía dos vidas: en casa usaba el español y fuera de ella el inglés hasta que entendí que podía ser yo misma.

En la actualidad al trabajar con jóvenes siempre les hago saber lo siguiente: “sin importar de donde vengan, recuerden que su cultura, su lengua y sus raíces son lo que los identifica y dictamina en quien se van a convertir”.

Cindy, ¿qué es lo más difícil de ser migrante?

La vida de un inmigrante no es fácil  y es mucho más complicada para aquellos que llegan como adultos; las personas que llegamos como niños, consideramos a Estados Unidos como nuestro hogar y nos adaptamos con mayor facilidad; sin embargo, aquellos como mis padres tuvieron muchas complicaciones al enfrentarse a un país con una cultura e idioma diferente. Hasta la fecha tengo mucho que aprender de ellos y yo no soy nada si no recuerdo de dónde vengo y quien es mi familia.

Una de mis grandes inspiraciones fue mi yaya (mi abuela paterna) ella era una señora que trabajaba limpiando casas en México; nació en un rancho con una educación de tercer grado pero le encantaba la escuela; le encantaba leer y siempre me decía que ella hubiera soñado con ir a la universidad pero las circunstancias le impedían hacerlo porque debía ayudarle a su mamá con sus hermanitos. Cuando el panorama se me tornaba complicado porque  me decían que no iba a tener éxito por mi estatus de migrante, ella me decía: “tú síguele, échale ganas, no le hagas caso a la gente, demuéstrales que tú puedes”.

A lo largo de mi vida diversas personas han hecho comentarios hirientes sobre mí e irónicamente, esos mismos individuos cambiaron su postura y ahora me aplauden porque la suerte me ha favorecido, pero yo no necesito aplausos, necesito que la gente empatice con la comunidad migrante porque así como yo, hay muchas más historias; para mí, triunfar es tener la oportunidad de representar a tanta gente de diversas comunidades que nunca han tenido voz.

Como migrante, pero particularmente como mujer ¿Han cambiado las circunstancias desde que llegaste a Estados Unidos?

Gracias por tu pregunta, tocas un tema que se debería tocar en otros medios, porque a pesar de ser migrante, soy mujer y cuando lo eres, las dificultades se duplican: en nuestra cultura mexicana viene un pesar muy arraigado referente al proyecto de vida de las mujeres: tienen una edad para tener hijos, para casarse, para vivir.

Recuerdo que mi familia decía comentarios como “cásate con un rico” cuando en el fondo de mi corazón quería ser autosuficiente y no depender de nadie; esta manera de pensar se la debo a mi “Yaya”. Ella era muy adelantada a sus tiempos; me decía “nunca me quería casar” y para continuar con sus estudios planeaba meterse de monja: ella leía muchos libros y cuando yo podía siempre trataba de regalarle alguno.

Cuando en 2012 se implementa DACA, yo estaba en la universidad (empecé en un colegio comunitario y después me transfirieron a la Universidad de Nuevo México).

Recuerdo que al implementarse muchos jóvenes que estaban en un caso similar al mío se quejaban porque el programa no era una reforma migratoria y no generaba un cambio general; en parte tenían razón debido al alcance insuficiente dado que personas como mis padres no iban a resultar beneficiados, pero yo en el fondo creía que si nos iba a ayudar.

Estaré agradecida eternamente con el presidente Obama por habernos dado esta oportunidad de calificar para DACA, yo apliqué a finales del 2015.

En marzo de 2016 se enfermó mi “Yaya” y mi abuelo, los dos en diferentes lugares. Mi hermano, mi esposo y yo hicimos lo posible para obtener un pase especial que nos permitía ingresar al país durante 15 días. Fue así como pudimos viajar a México después de 20 años.

Cuando me vio entrar al cuarto del hospital me dijo “¿Por qué viniste? Dime que puedes regresar a Estados Unidos”. Yo le dije que no se preocupara porque logramos pasar gracias a un pase especial de quince días: ahí, en ese lugar, permanecimos todo el tiempo que se nos permitió gracias al pase.

No tengo palabras para poder describirlo porque ni siquiera mi propio papá pudo estar y me tocó hacer lo mismo con mi abuelo dos años más tarde. Le hicieron un rosario a mi abuela en Chihuahua para velarla toda la noche: estaba lleno de gente que me conocía desde que yo era una niña (francamente yo no sabía quiénes eran). Siempre me gusta plasmar mis sentimientos y pesares en una carta cuando algo trascendental ocurre en mi vida y esa noche mientras la estaban velando, me dedique a escribirle una carta que leí en el funeral. Siempre será parte de todo lo que hago porque sus enseñanzas, su humildad, su fuerza son parte de mí…

Así como lo mencionas, las familias son lo que marca nuestro origen y ahora formas parte de una generación que está abriendo camino para otras ¿Cuándo decides estudiar Ciencia Política?

Eso ocurrió cuando ingrese a un colegio comunitario, me metí a un programa que le permitía a los jóvenes visitar el congreso estatal. Era la primera vez que ingresaba a un recinto de este tipo: nos pusieron a cada uno con un legislador; lo irónico de la situación es que me integran con una senadora estatal cuyo nombre es casi idéntico al mío, Cynthia Nava. Me  presenté en su oficina y tuvo una leve confusión que se transformó en sorpresa cuando le enseñé el gafete con mi nombre. Desde ese momento se convirtió en mi mentora.

Recuerdo que ese día mis compañeros estaban aburridos de aquella visita, sin embargo, yo estaba maravillada escuchando los debates. Cuando le tocó participar a mi senadora se notó el gran respeto que todos tienen por ella y sus argumentos, siempre fue muy directa, muy humilde, muy centrada y constantemente mostró su postura a favor de los migrantes: ella ayudo a la aprobación de la primera ley de migrantes en Nuevo México para que los estudiantes indocumentados pudieran ingresar a la universidad y tuvieran acceso a fondos estatales.

Cuando termino la sesión, varios de mis compañeros demostraron mucho hartazgo, pero en mi caso terminé enamorada del proceso legislativo. Recuerdo acercarme a la senadora y pedirle su permiso para poder asistir de forma voluntaria a diversas sesiones: ella me dijo que me comunicara a su oficina.

Constantemente asistía a sesiones ordinarias y mientras conocía a los legisladores, también iba aprendiendo. Yo era la única persona con el estatus de migrante; era algo que no le decía a nadie, aunque al final se lo terminé contando a mi senadora y se mostró muy empática con mi situación.

Recuerdo estar en una reunión parlamentaria y escuchar decir a diversos senadores que los inmigrantes venían a robar trabajos: yo quería llorar porque estaban hablando de mis papás, pero decidí aprender y seguir aprendiendo todo lo que pude, porque me servía de motivación para que en el futuro yo pudiera tener un micrófono y así darle voz a todas las personas con casos similares al mío.

Cindy, bajo tu propia experiencia y de todas las historias que has escuchado de nuestros jóvenes migrantes ¿Qué es lo que necesitan los dreamers?

Son muchas cosas, pero creo que es muy importante que la gente escuche, que sepan que nuestras familias son diversas, que los migrantes contribuimos de muchas maneras, que también es nuestro país. Y entre nosotros unidad, tener claro que lo más importante es trabajar juntos para que todas y todos tengamos los mismos beneficios y no solo a favor de algunos.

En algún tiempo, traté de involucrarme con diversas organizaciones de dreamers para generar esa unión, porque creo que tenemos que hacer acciones colectivas. Sin embargo, no en todas me gustaba la forma de actuar porque sentía mucho adoctrinamiento por parte de algunas y noté algo alarmante: no había un enlace común que incluyera a toda la diversidad de comunidades de migrantes.

En estas asociaciones debías actuar según sus normas y sentía que más que ayudar, utilizaban el tema. Por eso creo es tan importante escuchar a los jóvenes y si ellos no se sienten cómodos al hablar de su historia, sobre tu situación migratoria, respetemos, porque yo entiendo lo que es ser presionado para hablar por una causa política que a veces benefician a otros  y no a ti o a tu familia.

Como comunidad migrante hemos crecido con miedo, aún el día de hoy cuando veo a una “troca” de migración me dan nervios, me ha tocado ver gente detenida, incluso a niños y no  poder hacer nada, por eso creo que venimos de gente luchona, gente resiliente, que sabemos que no se puede hacer lo que queremos en un instante, pero aprendemos a vivir con ese miedo y lo superamos.

Como migrantes podemos crecer y aprender para cimentar las bases que servirán a las generaciones futuras a no tener miedo, a poder externar públicamente nuestra cultura, raíces, costumbres. Poco a poco hemos generado acceso al sistema de educación, seguridad y salud, porque es muy difícil para un migrante promedio poder acceder a eso.

Por ejemplo, el año pasado me dolía terriblemente la cabeza, mi esposo decidió llevarme al hospital. Me hicieron diversos análisis y el diagnóstico fue que tenía un tumor en la cabeza (yo no lo creía porque pensé que tenía Covid o algo similar). Duré diez días hospitalizada en donde nadie podía visitarme por la contingencia sanitaria, por ende estuve completamente sola en ese tiempo; no podía moverme porque el tumor se encontraba entre los ventrículos. Debido a que tenía acceso al sistema de salud, pudieron extirpar el tumor. Cuando abrí los ojos le dije a mi esposo que me tomara una fotografía y desde ese momento veo la vida con otros ojos: supe con más fuerza y claridad, que debía apoyar a las personas migrantes para que pudieran tener más oportunidades, para que todos puedan tener acceso a los servicios básicos en Estados Unidos.

Hablo con muchas jóvenes y como mujer conozco todas las presiones que tienen desde la familia hasta la presión en la escuela y en la sociedad, por eso debemos trabajar unidos para que las generaciones que vienen después, en particular las niñas, vean que pueden hablar, decir lo que piensan, que sepan que son sumamente valiosas, que su lenguaje y su cultura son muy importantes.

Y ¿Cómo llega la oportunidad de poder ser asesora en la Casa Blanca?

Hace dos años cuando el presidente Biden tomó protesta, yo trabajaba en la campaña de un senador y me ofreció la oportunidad de anexar mi nombre en una lista de candidatos para trabajar en la administración, de hecho cuatro diferentes miembros del congreso en Nuevo México y Chicago también me postularon, yo llené una serie de cuestionarios centrados en saber mis temas de interés, respondí que me interesaba trabajar con las comunidades más desfavorecidas; de escasos recursos. Yo todavía era residente permanente legal y apenas hace un año obtuve la ciudadanía, por lo que en cuanto me ofrecieron la oportunidad pude aceptar la oferta de trabajo de integrarme en el equipo administrativo.

Cuando acepté, pregunté de inmediato que cuantas personas como yo trabajaban en la administración para conectarme con ellos, me dieron que lo investigarían, y para mi sorpresa no había nadie más. Yo fui la primera en el país en recibir un nombramiento presidencial.

Tu trabajas con jóvenes de todas las edades y uno de los temas que tratas es la educación ¿Cuáles crees que son las principales herramientas con la que las y los jóvenes deben contar para salir adelante?

La educación es lo primordial para mí. La triste realidad de los migrantes es no tener tanto acceso al sistema educativo. Muchos como yo venimos de familias con escasos recursos, es por ello que debe ofrecerse información y recursos para becas.  Posteriormente se debe acceder a programas como DACA para cambiar el estatus migratorio de las personas, sé que es un proceso muy tardado pero se debe hacer el intento porque si yo en su momento no lo hubiera hecho, no me hubieran podido operar el año pasado e incluso no me hubieran contratado donde actualmente trabajo.

Otra cosa muy importante es saber que puedes alcanzar tus objetivos, hace unas semanas di una conferencia como a 500 estudiantes y cuando acabé de hablar vinieron corriendo a hablar conmigo y llorando me decían: yo me veo en ti, nunca había escuchado a hablar a alguien como tú, mi familia también es inmigrante. Y las entiendo porque yo tampoco vi a nadie hablar así, alguien con quien conectar, que fuera mujer, migrante, pobre. Creo que es muy importante que ellas se puedan identificar con alguien y que vean que una persona como ellas puede lograr muchas cosas. 

¿Tú crees que debe hacerse más flexible la posibilidad de aplicar para DACA?

Hace algunos años un grupo de congresistas federales hablaron sobre la posibilidad de implementar DACA como un crecimiento gradual en diferentes etapas, para al final obtener la residencia legal, la realidad es que dicho programa debería ser un camino para recibir la ciudadanía, aunque no fuera inmediato pero que fuera un inicio.

Y además debemos fomentar y mantener la relación y la conexión con México, los migrantes no venimos solos, representamos a comunidades enteras, comunidades México americanas, por eso el crear acceso a la vivienda, a la salud a la educación nos permite ayudar a nuestras familias, a nuestros padres y progresar como sociedad en un país que también es nuestro.

Cyndi, hace unas semanas tuvieron la oportunidad de reunirse tus dos presidentes, Andrés Manuel López Obrador y Joe Biden. Cómo joven, mujer, migrante y ahora asesora ¿Qué te gustaría decirles?

Que como en todo, se logra más colaborando, les pediría estrechar las alianzas para implementar estrategias que beneficien a la comunidad de mexicanos en el exterior a medio y largo plazo. Al final del día ambos países terminan ganando, por ejemplo: gente que no recibía un salario digno, ahora lo recibe, por ende, debe pagar impuestos y puede mandar remesas a su familia.

Se deben ofrecer oportunidades para los migrantes y así poco a poco propiciar un cambio en su estatus legal para que puedan obtener la ciudadanía, que puedan gozar de plenos derechos humanos. Ya estamos aquí, ya contribuimos día a día, somos buenas personas, que creemos en el trabajo honesto y en las oportunidades. Hay gente que me dice que el American Dream ya no existe y yo les he demostrado con todas mis vivencias que no es cierto, está vivo y muchos lo hemos podido experimentar.

Mucha gente probablemente no se ha visto en la necesidad de buscar un nuevo país para buscar oportunidades y si no han estado en ese papel no pueden entender. Si les generamos acceso a las comunidades ellos harán lo posible para luchar por sus sueños

Cyndy, para terminar, ¿Qué vas a hacer en este nuevo encargo, cuáles serán tus objetivos como asesora en el Departamento de Vivienda y Desarrollo Urbano de EUA?

Contribuir con mi propia experiencia, con las comunidades con las que he colaborado. Aprendí con mi papá lo que es la asistencia de vivienda para familias de bajos recursos, que hay gente migrante que tiene hijos ciudadanos que califican a estos programas de vivienda pero no lo hacen porque tienen miedo, hay mucha falta de información y quiero crear acceso para ellos, comunicarme en su propio lenguaje

Quiero aprender a darles le información de manera incluyente y respetuosa, decirles que si pueden aplicar. Quiero crear conciencia y expandir sus voces.

Gracias por la entrevista, para mí es muy importante decir que soy una mujer orgullosa de ser mexicana y norteamericana, de poder contar mí historia, de donde vengo, hablar en inglés y también en español que es el idioma de mis padres y de mi “Yaya”.