Maternidades Autónomas Plenas: nuestro reto

Maternidades Autónomas Plenas: nuestro reto

Por Flor Itzé Ramírez Godínez
Titular del Área de Política de Igualdad de Género
de la Secretaría de Relaciones Exteriores

La antropóloga Marcela Lagarde y de los Ríos[1] define a la equidad como el principio básico que puede reformar de manera ética los entornos sociales y políticos para consolidar la igualdad sustantiva en los espacios colectivos e individuales, que, para cambiarse, deben deconstruirse de manera paralela. En ese sentido la igualdad es el fin y la equidad uno de los varios procesos para lograrla porque  la transformación social es un mecanismo que se trabaja en dos sentidos, en lo colectivo con políticas públicas y en lo individual desde la autoestima de las mujeres, resultado de la transformación de paradigmas sociales que conciben como personas iguales a mujeres y hombres  y que al dejar de tener su base en los estereotipos y violencias normalizadas pueden incidir de manera realista y benéfica en el bienestar específico, medible y constatable.

 Al transformar la vida de las mujeres, se transforma toda la sociedad.

Una  realidad es que sin la aplicación constante del principio de equidad no es posible lograr la igualdad sustantiva, es decir, que todas las personas tengan acceso real a las mismas oportunidades y para eso se requiere de la generación e instrumentación de acciones que compensen las brechas de desigualdad histórica. Observarnos constantemente y generar políticas públicas que tengan conciencia de que las condiciones de las mujeres trabajadoras deben mejorarse y que existen interseccionalmente mayores adversidades en la vida cotidiana de las madres trabajadoras que, además, ejercen su maternidad desde la autonomía.

Desde el siglo XVII y hasta siglo XX las luchas de las mujeres feministas en todo el mundo tuvieron como objetivo incidir para que se entendiera algo que nunca debió estar en duda: la “humanización” de las mujeres, es decir, la necesidad de transformar el paradigma social que consideraba que no éramos ciudadanas y por lo tanto, “personas sociales” con los mismos derechos que los hombres.  Reflejo de esta situación fue la lucha histórica que se llevó y lleva a cabo para acceder al voto y el conjunto de derechos civiles básicos que se requieren para que las mujeres podamos caminar hasta escenarios igualitarios y justos, en donde en principio, hemos trabajado para se cuestionara el papel de las mujeres en el acto básico de ser madres y procrear.

Tan grandes y sólidas han sido las estructuras que generan desigualdad que es hasta hace menos de 20 años que en México, apenas se ha cuestionado el uso del apellido de los hombres al principio de cualquier persona que nace; minimizando la dificultad que representa la gestación, el puerperio y sencillamente, las más de 20 horas en promedio que una mujer enfrenta en trabajo de parto por sobrevivir y dar vida.

Reconocer este contexto histórico ha sido tarea de este gobierno y los gobiernos de izquierda en México y el mundo, es por ello que podemos decir con convicción que este cause histórico se puede detener y transformar de manera demostrable, como lo indica el hecho de que las brechas de desigualdad laboral, educativa y de acceso a la salud están disminuyendo y es nuestra tarea revisar lo que hemos hecho bien y lo que no para darle continuidad a las transformaciones necesarias que nos lleven a nuevos acuerdos civilizatorios en donde nacer mujer o ser madre no sean sinónimo de desigualdad, sufrimiento y discriminación.

La transformación social incide de manera recíproca en la transformación de las personas, en ese sentido, la autoestima de las mujeres se desarrolla y fortalece cuando las mujeres encuentran instituciones, relaciones, estructuras, simbolismos, significados y leyes favorables a su existencia; es decir, la autoconcepción de las personas influye de manera determinante en el acceso a la igualdad, desde el momento primario en que nos consideramos “iguales” y para lograrlo es indispensable construir escenarios socialmente equitativos y nuevos en los que se reconozcan las diferencias, las desigualdades y las circunstancias que colocan en ventaja o desventaja a las personas, señalando, cuantificando y erradicando las relaciones de poder y las inequidades sociales que se reflejan en todos y cada uno de los ámbitos de la vida económica, educativa, familiar, laboral, etc.

El trabajo de dar vida y ejercer la crianza se vuelve una circunstancia que dificulta la igualdad sustantiva no por el hecho de ser madres sino por una serie de circunstancias que principalmente están vinculadas a como ha sido y sigue siendo la responsabilidad integral de las paternidades y  el reparto de las obligaciones  del trabajo de cuidados en el mundo, que está y ha estado mayoritariamente en las manos de mujeres.

A pesar de que no se vea y esto repercute considerablemente en el bienestar integral de las mujeres:

  • El aporte económico del trabajo no remunerado equivale a un 20% del PIB y las mujeres hacen un 70% de este aporte.
  • El 60% de las mujeres que trabajan tienen empleos informales, con escasa protección social, alta inseguridad y baja remuneración.
  • Una de las causas de esta baja participación es la excesiva carga de trabajo no remunerado que soportan las mujeres en México, lo que les impide dedicar tiempo al trabajo formal porque realizan tres cuartas partes del trabajo no remunerado en el hogar, incluyendo el cuidado de las niñas y los niños.[2]

En ese sentido, la brecha de desigualdad se profundiza cuando las mujeres por diferentes circunstancias ya sean impuestas o decididas ejercen la maternidad de manera autónoma o solitaria, incluso se ha utilizado comúnmente el termino revictimizante “madre soltera” para definir y categorizar a las maternidades como un “estado civil”, lo cual, no solamente es errático sino que contribuye a la estigmatización que  profundiza la discriminación en contra de las mujeres.

Pero ante esta realidad, hay buenas noticias, desde este gobierno transformador y feminista estamos aplicando cada día más acciones afirmativas para reducir y erradicar estas brechas de profunda desigualdad.

En la Secretaría de Relaciones Exteriores desarrollamos y seguiremos trabajando estrategias integrales para el cuidado:

Tenemos una sala de lactancia, ludoteca, centro de cuidados y formación educativa integral, ponencias, talleres de reeducación integral para mujeres y hombres, campañas de sensibilización y sobre todo, la firme convicción de que los indicadores nos muestran que las mujeres estamos haciendo más de lo que nos corresponde y necesitamos comprender en cada área de esta institución que esto debe cambiar, con nuevas consideraciones y acciones concretas para que la maternidad, desde sus diferentes formas de ejercicio, sea cada día más plena, libre y con derechos.

[1] Lagarde y de los Ríos, Claves Feministas para la Autoestima de las Mujeres, Ciudad de México, 2020, Siglo XXI, pp. 223.

[2] https://www.cepal.org/es/publicaciones/46633-la-autonomia-economica-mujeres-la-recuperacion-sostenible-igualdad