Vírgenes patronas de América Latina y el Caribe: su aportación a las identidades nacionales.

Vírgenes patronas de América Latina y el Caribe: su aportación a las identidades nacionales.

Por Martín Alonso Borrego Llorente,

Director General para América del Sur

@mborregol

Pocas veces se recuerda que en las independencias de América Latina y el Caribe las vírgenes patronas de cada territorio acabarían identificándose como símbolos de unidad y resistencia, por encima del sistema de castas que dividía a peninsulares, criollos, mestizos, indígenas y esclavos.

Con esta perspectiva la Dirección de América del Sur de la S.R.E. organizó, entre agosto y noviembre de 2022, la exposición “Vírgenes patronas de América Latina y el Caribe: su aportación a las identidades nacionales”. Se contó con dos sedes: la Catedral Metropolitana de la Ciudad de México y el Museo de Arte Popular, MAP. Las veinte embajadas latinoamericanas y caribeñas residentes en México contribuyeron a este esfuerzo y los especialistas, Dra. Magdalena Vences e historiador Iván Martínez, impartieron sendas conferencias, inaugural y de clausura.

Tras la conquista, las poblaciones nativas de la América virreinal transfundieron su devoción y fervor religiosos hacia el culto de las imágenes católicas, especialmente de la Virgen María en sus diferentes advocaciones.  Cada territorio colonial se fue asociando con una imagen mariana milagrosa.  

El primer culto mariano se rastrea a la llegada de Colón a la actual República Dominicana donde Nuestra Señora de las Mercedes se convertiría en la patrona nacional. En 1510 se inició el culto a Santa María la Antigua en Panamá. En 1531 se registró el milagro del Tepeyac, asociado al santuario de Tonantzin. Octavio Paz caracterizaría a la Guadalupana como “madre de dioses y de hombres” en la que los indígenas encontraron refugio y consuelo espiritual tras la virtual destrucción de su civilización. 

Un patrón similar de sincretismo se seguiría en los demás territorios colonizados y mestizados. La manera en que el culto mariano se arraigó en nuestras sociedades americanas se plasmaría en la riqueza y colorido exuberantes de nuestros templos y festividades,  especialmente en el barroco americano.   

Antes de que se adoptaran banderas y lábaros patrios en las luchas de independencia, ya se vislumbraban las vírgenes patronas como símbolos de unidad. Más allá de las ideas de la Ilustración y la masonería, los próceres de nuestras independencias supieron reconocer este elemento de unidad y fervor populares para forjar los sentimientos patrióticos.

Por citar algunos ejemplos: el caso paradigmático sería el del cura Hidalgo enarbolando la imagen de la Guadalupana como estandarte; el Constituyente de 1824 la proclamaría patrona de México. Por cierto, Belice es el único país que comparte con nosotros a la Guadalupana como patrona. En Chile, los próceres San Martín y O´Higgins reconocieron la protección de Nuestra Señora del Carmen de Maipú. En la Gran Colombia, Bolívar encomendó la campaña libertadora a Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá y en Uruguay, en 1825, la virgen adoptó el nombre de Nuestra Señora de los Treinta y Tres en alusión a los líderes independentistas. En Cuba, a petición de los veteranos de la guerra de independencia, Nuestra Señora de la Caridad fue declarada patrona por el papa Benedicto XV. En Ecuador, Nuestra Señora del Quinche fue nombrada Protectora de la Independencia. En Costa Rica el Congreso de la República declaró a Nuestra Señora de los Ángeles como patrona en 1824.

El reconocimiento y la devoción popular hacia estas veinte vírgenes patronas nacionales de nuestra región fortalecen la hermandad latinoamericana y caribeña. Es parte ineludible de nuestra rica herencia multicultural en la que laicos y creyentes nos reconocemos por igual. Hoy en día, nuestros migrantes latinoamericanos y caribeños difícilmente olvidan este profundo lazo de identidad que proviene de un pasado e identidad compartidos.