La nostalgia de la comida mexicana.

La nostalgia de la comida mexicana.

Por Nuria Rangel, historiadora y escritora, nacida en la Ciudad de México, 

ha vivido con su familia en China, Francia y Brasil.

“El olor de la cocina evoca toda una civilización”

Fernand Braudel

La palabra antojitos no tiene traducción a ningún idioma, es única dentro nuestro español mexicano. Se refiere a la comida callejera que se cocina en anafre con maíz, está llena de sabor, de olor y se come con las manos. Esa palabra tiene más de un significado para mí. Eso lo supe cuando me encontré en medio de un supermercado, recién empezaba a vivir en Shanghái con mi familia y me pregunté: ¿Qué vamos a comer? Ahí no había nada que se me antojara.

Después hice lo mismo en París y para cuando me encontraba en São Paulo, unos años más tarde, ya me había alegrado de la cantidad de alimentos originarios de México que otros viajeros y viajeras, desde hace siglos, habían llevado a otros continentes y que crecían con sabores propios de otras tierras, como los tomates, los frijoles, los aguacates, los chiles, el chocolate y el maíz.

Al tomar la decisión de hacer una vida en el extranjero con mi familia, consultamos la opinión de los maestros de la escuela de los niños, de los abuelos, tíos y de los amigos. Lo primero que expresaron es que nos iban a extrañar y lo segundo que hiciéramos de nuestra experiencia algo edificante. Lo primero que yo hice fue buscar la comida local, para probar y conocer. Lo segundo buscar los ingredientes originarios de México o de las Américas para reproducir mi cocina mexicana en casa.

Así pude paliar la nostalgia, el extrañar a mi mamá y su comida, también hacer que los niños y mi esposo no perdieran sus raíces, pero pronto me di cuenta de que todos lograban fluir con el cambio y la adaptación, menos yo. Así que me puse a escribir un libro de historias que me permitiera apreciar la experiencia de vida en otros países, enaltecer mis recuerdos, mi identidad mexicana y encontrar con avidez una tortilla de maíz nixtamalizado, ausente en muchas partes del mundo.  

En modo de aprendizaje, lo primero para nosotros como familia, fue admirar a todas aquellas sociedades que tienen que abandonar su país por razones de la política o la guerra. No era nuestro caso, también sabíamos que podíamos regresar a México en cualquier momento, una mujer que conocí en los últimos días de nuestro periplo me dijo: ¡Qué suerte tener un país a dónde regresar!

Vivir en otros países me llenó de experiencias únicas, el conocer personas, con fisionomías, ideas diferentes e imágenes de arquitecturas diversas, todo inolvidable. La experiencia fue edificante en efecto, difícil unas veces, otras fácil, pero todas significativas.

Una de las cosas que más valoré es la importancia que tiene la cultura de México en el mundo, algo que yo consideraba obvio, pero es en realidad muy grande y se exacerba en el extranjero.

Entre los muchos elementos de admiración, se encuentra la cocina mexicana, un concepto amplio y diverso. Encontré con gran admiración el trabajo de mujeres emprendedoras que comenzaron reproduciendo alimentos mexicanos para sus familias y luego han abierto restaurantes para vender tortillas de maíz, moles, carnitas, tamales, pozole, pan de muerto, rosca de reyes y muchas delicias más según la temporada. Incluso se han posicionado en los gustos locales.

La comida fue terapéutica, sin duda, por mis apegos, emociones y vínculos históricos tan especiales. Surgió entonces una necesidad de decirle al mundo que soy mexicana y tengo varias cosas que contar al respecto.

Así surgió Antojitos (2021), un libro impreso, un bello objeto lleno de ilustraciones de artistas reconocidos que tiene el propósito de entretener, de hacer reír, de hacer pasar buenos momentos en medio del difícil trabajo de hacer una vida fuera de México.

Este libro que resume mi experiencia, la cual me llevó a tener empatía con personas de otros países, de compartir como todo el mundo extraña esa comida familiar, el olor de la cocina del hogar, que son los vínculos y la historia de todos los pueblos.

A mí y a mi familia nos hizo derrumbar prejuicios sobre las costumbres alimentarias de países como China, Francia o Brasil, porque cada tradición obedece a una causa que merece recordarse y eso casi siempre ocurre en torno a una mesa o dentro de una cocina donde se establecen las relaciones y se construye la paz entorno a un buen plato de comida.

Para conocer más acerca de este libro y mi historia, por favor sígueme en mis redes sociales y deseo que tu experiencia fuera de México sea constructiva y te llene de recuerdos felices.

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