Al hablar, como al guisar, su granito de sal.

Al hablar, como al guisar, su granito de sal.

“Cocinar es un acto de amor, creatividad, de unión y resilencia…”

Preparar una receta va mucho más allá de seguir el procedimiento adecuado para que el plato pueda reproducirse con los mismos resultados. Cocinar es un acto de amor, creatividad, de unión y resiliencia. Los mexicanos conocemos y nos engalanamos de la riqueza gastronómica con la que cuenta nuestro país. Sin embargo, al estar lejos, abrazamos aún más el recuerdo de la cocina de nuestras mamás o abuelas al regresar de la escuela o de un domingo reunidos con la familia.

 ¿Qué ingrediente es el que le da el toque especial al coloradito oaxaqueño que no viene en los libros? Yo le llamo, sabor a mi México.

Cuando tuve ante mí la oportunidad de venir a vivir a Perú, la receta parecía sencilla, tenía los ingredientes, conocía el proceso para emigrar, había leído acerca de la similitud de ambas naciones y estaba muy entusiasmada con la experiencia. Así que empaqué mis sueños, anhelos, el cariño de mi familia y emprendí el viaje. No quise pagar exceso de equipaje por los miedos, así que los dejé en el aeropuerto.

Cocinera por pasión y hobby, lo primero que hice después de desempacar fue abrir mi recetario lleno de ingredientes secretos, manchas de cocoa y con anotaciones de mi abuelita al pie de página con los mejores consejos. Estaba dispuesta a cocinar para mis nuevos amigos del Perú porque no hay actividad que rompa más barreras que la de compartir comida.

Al perderme en el mercado buscando sabores similares, aprendiendo nombres nuevos y conociendo los secretos de las “caseras” (marchante), fue el momento preciso en el que entendí que, así como en la cocina, la vida es creatividad y se debe perder el miedo a reinventarse.

Aunque ahora mi pozole estaba hecho de maíz mote y no de cacahuazintle, preservaba mi intención primera, compartir ese sabor a México. Disfrutamos de tostadas con palta (aguacate) y queso paria. Extrañé la cremería de la esquina de mi casa, pero descubrí que en Huallanca hacen un queso que queda perfecto en quesadillas. No hubo agua de jamaica, pero mis amigos trajeron un preparado morado sabor a manzana, piña y canela y aprendí que el maíz también sirve para hacer bebidas.  El postre fue gelatina de durazno hecha con colapíz, nombre que se le da a la grenetina y que también es acreedor de otra gran anécdota mía en territorio Inca.

México, con la llegada de los españoles, incorporó muchos ingredientes a los platillos que ahora son tradición y, a su vez, el Perú con la gran población china y japonesa, creó la comida “Chifa”* y “Nikkei”*. Ambos países dan muestra de su gran capacidad de creación e innovación.

No siempre las recetas salen como esperamos.

Se me han quemado muchas “tortas” (pasteles) y ni hablar de suplir ingredientes mexicanos por locales.  Pienso que la vida puede presentarnos momentos de adversidad, nostalgia por nuestro país o incertidumbre, pero la virtud de superarlos y adaptarse a ellos confiando en que saldremos avante, es el ingrediente principal de mi recetario de vida.

El recetario donde registro los desaciertos y salsas amargas, pero también llevo constancia de lo que me siento orgullosa, los aprendizajes y los logros para poder transmitirlos con el amor que siento por México.

Sigo cocinando, comiendo y compartiendo cultura, dejando el nombre de México en alto con nuestras acciones diarias, y como dice mi mamá, “a darle que es Mole de Olla”.

Karla González en una activa divulgadora de la cultura, tradiciones y gastronomía de México en Perú. Ha colaborado con la Embajada de México con talleres sobre calaveritas de azúcar, amaranto y chocolate, así como con clases de cocina para elaborar deliciosos tacos y cocteles con tequila.

Si quieres contactarte con Karla, puedes buscarla en Facebook como Karlita González de Miranda.

Por Karla González
@EmbaMexPer